La ley de la IA, como sistema
Pulsa una pieza, o elígela en la lista. Se señalan en rojo sus relaciones directas y debajo se explica qué es y con qué se relaciona. Otra pulsación la suelta.
Cada afirmación lleva su origen: el artículo de la ley, o «nuestro» cuando es lectura propia y no letra del Reglamento. El rojo es lo que señalamos.
La ley de la IA, como sistema: lo que exige a tus datos, pieza a pieza y con sus relaciones.
El Reglamento es un texto difícil. Aquí está la parte que toca a los datos convertida en sistema: treinta y cinco piezas y setenta relaciones. Un catálogo se consulta; un sistema se entiende. Para cada pieza, qué necesita, a qué sirve y qué se rompe sin ella. Todas las relaciones están dibujadas; solo se señalan las de la pieza elegida.
Ninguna elegida
Elige una pieza en el dibujo o en la lista.
Al cerrar
Qué decidimosDibujar solo la parte del Reglamento que toca al dato: quedan fuera la evaluación de conformidad, los organismos notificados y el marcado CE. Construirlo pieza a pieza —una entra si cambia algo en las demás; si no, se rechaza— y que la página no diga nada que no esté en la tabla de la que sale: cada frase es una celda.
Dónde no estamos segurosDe las relaciones marcadas «nuestro»: 15 de setenta son lectura, no ley, y están donde se ven. De que setenta líneas en gris no sean ruido para quien llega sin contexto. Y de las filas del dibujo: el modelo tiene tipos, no capas; las capas son una decisión de lectura.
Qué lo tumbaríaQue alguien ajeno, tras un minuto, no sepa decir, por ejemplo, qué ocurre si falta la calidad del dato o los datos de entrada. Todavía no lo hemos probado con nadie: si eres esa persona, cuéntanoslo.